
Hombres
Abolicionistas
El número 8 de
Foeminas está dedicado al tema de la prostitución.
Por ello, publicamos un extracto de conversaciones e intercambios que
mantuvimos con la Plataforma de
Hombres por la Abolición de la Prostitución,
grupo o colectivo surgido a partir de una iniciativa de Internet, de
manera espontánea, que plantea posturas y debates acerca de la
situación de las mujeres.
Foeminas dialogó con Vicent
Canet de Barcelona cofundador de la Plataforma y con Enrique
Javier Díez Gutiérrez uno de sus representantes
y esto es lo que nos contaron con referencia a su trabajo.
Hombres trabajando
Lo que llama poderosamente la atención
al encontrase con grupos como Hombres Abolicionistas es qué
los motiva a interesarse, discutir y manifestarse con relación
al tema de la prostitución, ya que estos son temas por antonomasia
que recaen en estudiosas feministas o de género, pero siempre
en las mujeres. Por otra parte, resulta sorprendente llegar a comprender,
a partir de este tipo de propuestas, que existen soluciones colectivas
y que diversas formulaciones, como la de estos hombres, representan
grandes aportes.
Por otro lado, una de las cuestiones que pone de manifiesto este colectivo
es la responsabilidad social que tienen los propios hombres con relación
al tema de la prostitución y las repercusiones y perjuicios que
genera la violencia, la dominación patriarcal y los estereotipos
sexuales precisamente al interior de la identidad masculina y de la
vida cotidiana.
Con estas firmes convicciones Hombres Abolicionistas han elaborado
un manifiesto que cuenta con las firmas de 163 personas, 109 hombres
y 54 mujeres y surge en el contexto y como un desprendimiento de la
Asociación de Hombres por la Igualdad
de Género (AHIGE, www.ahige.org). AHIGE es una asociación
de hombres feministas que asumen que el rol masculino debe cambiar para
adaptarse a las demandas de igualdad de las mujeres.
Vicent Canet nos cuenta que su interés
particular por la cuestión de la equidad tiene como orígenes
sus valores ideológicos de igualdad entre hombre y mujer, su
oposición al patriarcado y, en el caso concreto de la abolición,
en contra de la mercantilización del sexo y por lo que supone
la prostitución como violencia de género.
Enrique Javier Díez Gutiérrez
sostiene, por su parte, que: "Como hombres estamos 'hartos'
de la cultura patriarcal que ha construido un tipo de masculinidad con
el que no nos sentimos identificados (pega más alto, más
duro, más fuerte..., ¡sé un hombre!). Creemos que
es posible construir otro tipo de masculinidades que no tengan que estar
sometidas siempre a la presión de la competitividad, la fuerza,
la dureza, la inexpresividad, lo que históricamente se ha venido
a resumir en una frase metafórica de esta condición: 'los
hombres nunca lloran'. En esa cultura patriarcal el hombre se concibe
con una sexualidad compulsiva, desvinculada de la afectividad, que puede
comprar y consumir sexo; en la que, por tanto, la prostitución
está justificada y amparada. Queremos construir una sociedad
que eduque en la igualdad y convirtiendo la prostitución en una
profesión no podremos educar a las jóvenes generaciones
en la equidad".
Entonces, de alguna manera comenzamos a entender y nos deja de llamar
la atención la tarea emprendida por estos hombres que "trabajan"
para que no se legitime como "trabajo" aquello, que desde
su perspectiva, así como desde otras, no lo es".
Siguiendo esta línea argumental Enrique
Javier Díez Gutiérrez explica de dónde
surge el debate a nivel social y cuáles son y por qué
las posturas antagónicas:
"El debate surge a partir de la urgencia e impetuosidad que,
desde hace muy poco tiempo, se está planteando, desde determinados
colectivos (especialmente ANELA -la patronal de los proxenetas- y HETAIRA
-un grupo de mujeres que dicen representar a las prostitutas- con la
colaboración de la ejecutiva del sindicato CC.OO. Existen tres
posiciones: El prohibicionismo: basada en la moral de la iglesia
católica pretende mostrar a la mujer como una pecadora y delincuente
que es prostituta porque quiere y por eso se penaliza el hecho de prosituirse.
Se ha aplicado en los países de moral conservadora.
El regulacionismo: que tiene dos vertientes, los que quieren
regular legalmente la prostitución porque lo consideran un trabajo
como cualquier otro que merece sus derechos laborales, y los que sin
considerarlo un trabajo quieren regularlo como mal menor. Se aplica
en países como Holanda o Alemania. El tráfico de mujeres
y el negocio sexual han aumentado con este tipo de postura.
El abolicionismo: parte del análisis
feminista y de constatar que el 98% de la prostitución es de
mujeres hacia hombres. Ve en la prostitución un claro elemento
de dominación del hombre sobre la mujer y de violencia de género.
No lo reconoce como un trabajo y lo ve como una lacra a eliminar. Por
eso, no penaliza a la prostituta, a la que se le ofrecen programas sociales
y de reinserción laboral por si quiere dejarlo siempre de manera
voluntaria. Se penaliza al comprador o cliente, porque sin demanda no
existiría oferta. Esta es la manera de acabar con la oferta:
estrangular la demanda. Además se persigue duramente a las mafias
de tráfico de mujeres y a los proxenetas. Se aplica en Suecia
y se está debatiendo aplicarlo en Finlandia, Noruega y Escocia.
En apenas cinco años, Suecia ha disminuido drásticamente
la cifra de mujeres dedicadas a la prostitución. Ningún
otro país y ningún otro experimento social siquiera se
acercan a los prometedores resultados que están siendo observados
en Suecia. Nosotros nos decantamos y posicionamos claramente por esta
última".
Vicent Canet agrega que en el debate
acerca de la prostitución nadie habla del 'cliente', nadie lo
cuestiona, nadie habla de su responsabilidad. "Nosotros pensamos
que el llamado cliente es un punto clave para permitir que haya prostitutas:
alguien se vende porque alguien paga. Por tanto pensamos que hay que
romper con eso, y hay que pedir que los hombres no contribuyan a esa
esclavitud, alguien debía de lanzar ese mensaje. Alguien debía
de sacar a la opinión pública el cuestionamiento de una
parte de la sexualidad masculina que se cree con derecho a comprar un
objeto sexual, que además suele ser tratado como una mercancía
o como una esclava con la cuál se trafica. No creemos en la sexualidad
mercantilizada y en la que un hombre (mayoritariamente) ejercer una
relación de poder mediante el dinero sobre una mujer (mayoritariamente).
Creemos en la sexualidad libre, no mercantilizada, voluntaria y realizada
en plano de igualdad. Y creemos que hace falta que en los debates públicos,
en las legislaciones quede reflejado que esta sexualidad que compra,
que se basa en la dominación del hombre debe de ser cuestionada
en la educación y en los medios de comunicación para potenciar
otra libre, igualitaria y sin mercantilizar".
En este sentido, Enrique Javier Díez
Gutiérrez sostiene que: "Considerar la prostitución
como un trabajo nos lleva a
preguntarnos por qué una experiencia de la intimidad humana ha
sido
categorizada como trabajo sexual. Esta forma de pensar no rinde cuenta
en ningún caso de la violencia que constituye la trasgresión
de la intimidad humana. No se vende la actividad o el producto, como
cualquier trabajo, sino el propio cuerpo sin intermediarios. Y el cuerpo
no se puede separar de la personalidad. El punto de vista según
el cual las intrusiones repetidas en el cuerpo y los actos sexuales
tolerados pero no deseados pueden ser vividos sin perjuicio es, por
lo menos, dudoso. Las mujeres han referido en numerosas ocasiones sus
estrategias para terminar rápidamente con el 'cliente', porque
si las prostitutas necesitan y desean el dinero de la prostitución,
no desean la sexualidad prostitucional que, en tanto que tal, es una
forma de 'violación remunerada'. Lo que las mujeres prostituidas
tienen que soportar en su 'trabajo' equivale a lo que en otros contextos
correspondería a la definición aceptada de acoso y abuso
sexual. ¿El hecho de que se pague una cantidad de dinero transforma
ese abuso en un 'empleo'? La sexualidad es el placer más accesible,
universal y gratuito. Es el bien más democráticamente
repartido y forma parte de la vida y de la persona. Someterlo a relaciones
de poder y de comercio de forma regulada no es una liberación
para el colectivo de mujeres. Por eso influye de forma muy distinta
en las mujeres, puesto que ellas lo viven como un destino siempre posible
(especialmente en el caso de que se regule y sea un trabajo, pues en
Alemania ya ha habido un caso de perder la prestación del INEM
por negarse a coger un trabajo en este campo, mientras que los hombres
siempre lo ven desde el punto de vista del 'usuario', del 'prostituidor'.
Por eso, la defensa de la regulación de la prostitución
está tan extendida entre los hombres, incluso en un sindicato
de clase como CC.OO., donde los hombres han suspirado aliviados al ver
que 'desde arriba' se les justificaba la prostitución como una
profesión (ya no nos sentiremos culpables de ejercer violencia
contra ellas, ya podremos ir con prostitutas porque ellas lo eligen
libremente). Nosotros consideramos que la prostitución jamás
se da en condiciones de libertad; nunca es objeto de un contrato de
compraventa entre personas iguales en derechos y libertades. Más
que consentir, una mujer prostituta accede a la única opción
que está a su alcance. Su conformidad deriva del hecho de tener
que adaptarse a las condiciones de desigualdad que son establecidas
por el consumidor que le paga a ella para que haga lo que él
quiera".
Más allá del tema de la prostitución y de la postura
abolicionista este colectivo tiene
entre sus objetivos la equidad entre hombres y mujeres a partir
del desbaratamiento de ciertos estereotipos culturales a través
de la toma de conciencia y la participación de los hombres, ya
que consideran que ésta lucha por la igualdad tiene que tener
también protagonismos igualitarios.
Estas son las palabras de Vicent Canet
referidas a esto último: "Somos conscientes de que también
existen hombres que se prostituyen (mayoritariamente para otros hombres).
También estamos en contra de este tipo de explotación,
pero sólo cabe recordar que los hombres que se prostituyen representan
el 2% del total de personas prostituidas. Pese a todo, igualmente nos
manifestamos contrarios a que se 'compren' personas sean hombres o mujeres.
Por ello, apoyamos la labor de la Plataforma
por la Abolición de la Prostitución y queremos
ser los primeros hombres que rompamos el silencio y que hablemos y digamos
no. No a contribuir a la prostitución y llamemos al resto de
los hombres para que no compren y así impidan que la prostitución
tenga salida. Creemos que es necesario un cambio cultural que haga que
los hombres no se planteen comprar a nadie sino que quieran tener una
sexualidad libre
e igualitaria y sin mercantilizar.
Por otro lado, intentamos dar visibilidad a los hombres por la igualdad
y en este caso los hombres abolicionistas, queremos romper con el tópico
de las feministas revanchistas. No se trata de revanchismos. Somos hombres
y también apostamos por la abolición. Defender la abolición
o la regulación es una cuestión de ideologías de
planteamientos, no de revanchismos entre hombres y mujeres. Hay quien
piensa que la prostitución es un trabajo más, sea hombre
o mujer. Nosotros pensamos que es una explotación sexual y económica
que se debe de abolir".
Enrique Javier Díez Gutiérrez
defiende el modelo sueco donde el que es penalizado es el "cliente"
y en este sentido habría que importar este modelo a todos los
países. Desde este punto de vista sostiene que:
"Es necesario que los hombres comencemos a trabajar y a reflexionar
sobre nuestra propia sexualidad y sobre el modelo sexual que hemos impuesto,
si realmente queremos superar desigualdades. Erradicar la explotación
internacional, precariedad laboral, hambre, pobreza y la cultura patriarcal,
causas y origen de la mayor parte de la
prostitución actual (el 70% de los 1.300 millones de personas
en pobreza absoluta del mundo son mujeres), que el capitalismo neoliberal
como sistema económico y social potencia estructuralmente".
Por último, Enrique Javier Díez
Gutiérrez destaca el trabajo que debe efectuarse con
relación a la transformación de la cultura hegemónica
y androcéntrica.
"En todas las investigaciones que han explorado la conducta
de los 'clientes' los resultados son contundentes: los hombres acuden
tanto o más a la prostitución en una sociedad más
'liberal' como la actual que en otras sociedades más represoras
porque la prostitución no exige tratar a las personas prostituidas
(sean mujeres u hombres) como personas, estar pendientes de lo que ellas
también quieren, ser sensibles y generosos, es decir, tener una
relación en la que la otra persona sea también tenida
en cuenta. Los hombres reiteran sistemáticamente en todas las
respuestas: 'cuando pago, exijo'. Es decir, puedo someter a la otra
persona, convertirla en cosa, que sólo esté pendiente
de satisfacer mis deseos, volver a la etapa infantil (onanista) en la
que todo el mundo giraba en torno a mí. Es convertir la sexualidad,
en definitiva, en una relación deficiente y patológica
en la que el sometimiento de la otra persona genera mi placer y el centro
del mundo soy yo".
Micaela Fernández Darriba
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e incluso proponer acciones concretas o charlas, debates etc
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http://www.20minutos.es/columna/114549/0/carme/freixa/
http://www.20minutos.es/columna/117161/0/carme/freixa/
http://www.elplural.com/noticiasred/detail.php?id=4223